La solidaridad es la ternura de los pueblos

16.02.2015 10:22

Una forma de entender la solidaridad es la actitud permanente de encuentro, convivencia en armonía y defensa de los derechos de todas las personas, los colectivos y los pueblos.

La raíz etimológica de esta palabra hace referencia a un comportamiento in-solidum, es decir, que enlaza los destinos de dos o más personas. Por lo tanto, ser una persona solidaria supone la relación con otras personas y no se limita al ofrecimiento de ayuda, sino que implica un compromiso con aquel al que se intenta ayudar.

Cada vez nos sentimos más vinculados con otras culturas y pueblos en este fenómeno de globalización económica que nos toca vivir. Si actuásemos con solidaridad deberíamos procurar una distribución justa de los bienes de los distintos entornos, haciéndose extensible a todos los bienes de la tierra.

Sería una cuestión de justicia social acompañar a quienes son más vulnerables y puedan vivir más excluidos, dejando que ellos sean los sujetos de cambio y transformación de las situaciones que padecen.

Estudios sociológico [1] confirman que en España existe una fuerte solidaridad de demanda que no conlleva un modelo de sociedad participativa con personas muy preocupadas por los problemas de los otros. Las aspiraciones vitales (disfrutar de la familia y los amigos, poseer un trabajo que otorgue seguridad económica y posibilidades de consumo, y disponer de tiempo libre para actividades de ocio)  llevan a desear seguridad socio-económica y ciudadana, que junto con la aspiración a una mayor justicia social también reclaman la mejora de la sanidad y la educación, la contención de los precios y la disminución de las desigualdades como otros objetivos importantes y relevantes para la opinión pública. Sin embargo en nuestro país, la solidaridad internacional no aparece entre los objetivos fundamentales.

“Se puede constatar una emergencia de valores postmaterialistas y un deseo de participación social. Esta emergencia de una ciudadanía social tiene todavía poca expansión, debido al desconocimiento y al desencuentro entre las asociaciones, organizaciones y movimientos sociales existentes en nuestro país (con pocos miembros) y este nuevo sector ciudadano emergente. Urge una pedagogía colectiva de iniciación a un compromiso ciudadano solidario a nivel nacional y, sobre todo, internacional" [2].

La solidaridad no es compartir en tiempos de abundancia. Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado. La solidaridad se mueve sólo por la convicción de la justicia y la igualdad. Solo así se podría hacer realidad la frase “la solidaridad es la ternura de los pueblos” (Gioconda Belli).

Es urgente humanizar la globalización y globalizar la solidaridad, asumiendo diferentes compromisos, conscientes de que es la persona a la que hay que proteger. Es la sociedad humana la que hay que renovar.

Montse Serrano



[1] La cultura de la solidaridad internacional en España. Rafael Díaz Salazar
[2] Ibid.

 

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