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22.03.2015 12:01

Principio de solidaridad

La desigualdad de posibilidades que existe entre países desarrollados y países empobrecidos existe también entre personas dentro del mismo país. La mayoría de las veces esa desigualdad es producida por la explotación, la opresión y la corrupción de unos en detrimento de otros. Ese expolio de personas y pueblos tiene repercusiones negativas también en el interior de los países más favorecidos.

La solidaridad es una virtud ética que actúa como principio regulador de las relaciones sociales. No es un sentimiento superficial hacia el sufrimiento de los demás, sino la determinación firme y perseverante de empeñarse por conseguir el bien común. Es la realización eficaz de la corresponsabilidad entre todas las personas, de cada para con las demás. La solidaridad pone de relieve la igualdad en dignidad y derechos de todas las personas y realiza la interdependencia de todas ellas hacia la unidad. El principio de solidaridad propone entregarse por el bien del otro/a, porque en la consecución de su bien, podré estar yo bien.

La solidaridad expresa la exigencia de reconocer y practicar la libertad para ocuparse del crecimiento común, la disposición para gastarse por el bien de la persona más desfavorecida, superando todo individualismo y particularismo.

El principio de solidaridad se realiza en el presente con relación a quienes viven en situaciones infrahumanas, promoviendo estructuras sociales y políticas que garanticen su promoción. Y también se realiza hacia el futuro, intentando organizar hoy la sociedad y el mundo de manera que posibilite la vida digna de quienes nacerán tras nosotros y de las generaciones futuras. En el futuro cada cual será responsable de organizar el mundo que le toca vivir, pero yo también soy corresponsable para dejar en herencia un mundo con posibilidades para vivir en igualdad y justicia.

José Ramón Pascual (Revista nº 476 “Militante Mundo Rural”. Febrero 2015)

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16.02.2015 10:22

La solidaridad es la ternura de los pueblos

Una forma de entender la solidaridad es la actitud permanente de encuentro, convivencia en armonía y defensa de los derechos de todas las personas, los colectivos y los pueblos.

La raíz etimológica de esta palabra hace referencia a un comportamiento in-solidum, es decir, que enlaza los destinos de dos o más personas. Por lo tanto, ser una persona solidaria supone la relación con otras personas y no se limita al ofrecimiento de ayuda, sino que implica un compromiso con aquel al que se intenta ayudar.

Cada vez nos sentimos más vinculados con otras culturas y pueblos en este fenómeno de globalización económica que nos toca vivir. Si actuásemos con solidaridad deberíamos procurar una distribución justa de los bienes de los distintos entornos, haciéndose extensible a todos los bienes de la tierra.

Sería una cuestión de justicia social acompañar a quienes son más vulnerables y puedan vivir más excluidos, dejando que ellos sean los sujetos de cambio y transformación de las situaciones que padecen.

Estudios sociológico [1] confirman que en España existe una fuerte solidaridad de demanda que no conlleva un modelo de sociedad participativa con personas muy preocupadas por los problemas de los otros. Las aspiraciones vitales (disfrutar de la familia y los amigos, poseer un trabajo que otorgue seguridad económica y posibilidades de consumo, y disponer de tiempo libre para actividades de ocio)  llevan a desear seguridad socio-económica y ciudadana, que junto con la aspiración a una mayor justicia social también reclaman la mejora de la sanidad y la educación, la contención de los precios y la disminución de las desigualdades como otros objetivos importantes y relevantes para la opinión pública. Sin embargo en nuestro país, la solidaridad internacional no aparece entre los objetivos fundamentales.

“Se puede constatar una emergencia de valores postmaterialistas y un deseo de participación social. Esta emergencia de una ciudadanía social tiene todavía poca expansión, debido al desconocimiento y al desencuentro entre las asociaciones, organizaciones y movimientos sociales existentes en nuestro país (con pocos miembros) y este nuevo sector ciudadano emergente. Urge una pedagogía colectiva de iniciación a un compromiso ciudadano solidario a nivel nacional y, sobre todo, internacional" [2].

La solidaridad no es compartir en tiempos de abundancia. Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado. La solidaridad se mueve sólo por la convicción de la justicia y la igualdad. Solo así se podría hacer realidad la frase “la solidaridad es la ternura de los pueblos” (Gioconda Belli).

Es urgente humanizar la globalización y globalizar la solidaridad, asumiendo diferentes compromisos, conscientes de que es la persona a la que hay que proteger. Es la sociedad humana la que hay que renovar.

Montse Serrano



[1] La cultura de la solidaridad internacional en España. Rafael Díaz Salazar
[2] Ibid.

 

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15.12.2014 18:45

ConTacto Solidario

En estos momentos, el término “solidaridad” es muy utilizado. Lo encontramos referido en múltiples  situaciones de crisis económica y/o social. Visualiza los actos que nos llevan a asumir de algún modo (tiempo, sentimientos, bienes…) los problemas o las preocupaciones  de otros.

La actualidad de este sentimiento y de esta acción es universal, es decir, se da en cualquier tiempo, lugar, situación, género, raza, religión, cultura o posición social. Y va, de igual manera, unida a nuestra historia presente y esperanza futura.

Muchos pensadores han afirmado que la organización social, nuestras redes de colaboración y de satisfacción de necesidades han permitido que el ser humano, tan débil como parece, sobreviva a sus dificultades.

Es posible que ambas afirmaciones sean compatibles y que el sentimiento de igualdad y dignidad se haya engarzado en nuestras frágiles y cambiantes estructuras sociales. Sin embargo, nosotros, desde un país desarrollado económica y tecnológicamente, observamos muchas veces cómo el crecimiento de la dignidad, queda relegado en numerosas ocasiones a un segundo plano cuando “otros intereses” son más llamativos. Otras veces, la solidaridad se cuantifica en cifras, estadísticas, proyectos, queriendo reducirla a la eficacia. La fría y manipulable eficacia de datos de un gobierno, asociación o institución.

La solidaridad como sentimiento, virtud o cualidad, es sí misma  un proyecto, una intención. La puesta en marcha de la solidaridad adquiere  realidad en la persona solidaria que se encuentra con la otra persona, digna, con valor, con necesidad.  Aspiramos a una solidaridad con nombre, cultura, manos, sentimientos… una solidaridad que contacta, que toca o siente la humanidad individual y diferente del otro; que es consciente que su gesto solidario no es toda la solución a la situación que descubre,  pero que es anticipo de la consecución de  sus derechos.

No todo acto solidario tiene el mismo valor, aunque se pueda cuantificar su eficacia.El contacto solidario tiene un valor más allá del precio, de su cuantía. El tacto nos lleva a la consideración de la dignidad y momento de cada persona, al acercamiento con respeto, al trato íntegro y generoso, a la sensibilidad que llega de sabernos igualmente personas.

ConTacto Solidario: en busca de una humanidad con toda su dignidad.

José María Carlero


 

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